Sobre El Castillo de la Monclova

Estas tierras estuvieron pobladas desde la Edad de Hierro y se tiene constancia de enclaves antiquísimos. En su entorno se han encontrado restos de sílex y cerámica ibérica, aunque la mayor cantidad de los restos arqueológicos hallados pertenecen a la época romana, en la que debió ser un óppidum, dado su estratégico emplazamiento, al pasar al lado la Vía Augusta (que en este punto coincide con el trazado de la Autovía E9 (N IV)). Se ha identificado al castillo de Monclova con la antigua Obúlcula turdetana, que es nombrada en numerosas ocasiones en textos antiguos como la campaña de Fabio Máximo Serviliano contra Viriato en el año 142 a.C., o el motín de las tropas contra el gobernador Casio Longino en el año 48 a.C), o en el Itinerario de Antonino y los Vasos Apolinares, que reproducen el camino desde Gades a Roma por Corduba, también es citada por Ptolomeo y por Plinio.

Durante la época musulmana continuó siendo una fortaleza dado su valor estratégico Tras la conquista cristiana por las tropas castellanas, se produjo un repartimiento de Écija, fijándose aquí uno de los núcleos de repoblación, hasta que en el año 1342, el rey Alfonso XI lo concedió a su Almirante de la Mar Micer Egidio Bocanegra como premio a los servicios prestados. Llegado el siglo XVI estas tierras pertenecían a la familia de la Vega hasta la muerte en combate del famoso poeta Gracilaso emparentado con la Casa del Mendoza por matrimonio de Leonor de la Vega, con Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. el 20 de Septiembre de 1617 se concede al señor de la Monclova, Don Antonio Portocarrero y Enriquez de la Vega el Título de Conde de La Monclova y el 5 de mayo de 1706 la grandeza de España. Ya en el siglo XVIII estas tierras recaen en el Marqués de Ariza y posterormente en la casa del Marqués de Valmediano, Duque del Infantado.

Una epidemia de peste a finales del siglo XVIII despobló el castillo, a excepción de la capilla, en la que se atendía a los pasajeros del Camino Real.En el año 1910, Joaquín de Arteaga y Echagüe, XVII Duque del Infantado reconstruyó el castillo embelleciéndolo con restos del convento de la Merced de Lorca, columnas romanas de Córdoba y otros elementos artísticos traídos de Italia y España.

Historia del Aceite

Para transportar el aceite se usaba el ánfora olearia, de forma globular, cuello corto y dos asas contrapuestas. En éstas había sellos e inscripciones de las vasijas en sus asas, que contenían información de los comerciantes, cantidad de aceite y el lugar de procedencia. Su interior, recubierto con resina de pino para evitar filtraciones, tenía una capacidad de 75 litros. Estas ánforas eran envases de un solo uso, desechables una vez utilizadas. Para el transporte fluvial o marítimo se colocaban en posición vertical encajadas unas con otras. Vacías pesaban unos 30 Kgs. y con aceite llegaban a los 100 Kgs. Para el transporte por tierra se usaban odres de piel hasta los puertos donde estaban las alfarerías de ánforas.

La colocación de las ánforas en la bodega del barco era una habilidad de los comerciantes romanos, pues la base picuda de las vasijas tenía la finalidad de clavarlas en la arena de las playas. El transporte, dirigido a todo el Imperio romano, se iniciaba utilizando la vía fluvial del Genil (Singilis) y del Guadalquivir (Baetis). Cuando el aceite llegaba a Sevilla (Hispalis) se trasvasaba a barcos de mayor calado y capacidad para distribuirlo por todo el territorio romano, especialmente, la propia Roma. El transporte fluvial era más rápido y económico que el realizado a través de vías terrestres. (Vía Augusta)

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